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Al derecho y al revés | Al derecho y al revés

Por Domingo Alberto Rangel

22/10/2026.- Muy por encima de los augures que pronostican para nuestro país algo peor a lo que viven los sacrificados palestinos, hay señales positivas y tienen su explicación.

Una la pueden atestiguar los viajeros que, por carretera, transitan el territorio venezolano desde la pandemia. Incluso desde antes de esa fecha, nuestras carreteras se veían vacías.

Recuerdo una vez que desde Caracas viajamos a Valencia para hablar en una pequeña concentración y desde la salida del viejo peaje hasta llegar a Tejerías no encontramos un solo automóvil regresando a la capital o adelantándonos, pues nosotros —en tiempos del ilegal y estúpido paro petrolero— viajábamos lentamente y con diez cantimploras llenas de gasolina, suficientes para regresar.

En estos días, conductores que se han trasladado a San Cristóbal, por occidente, y a Cumaná, por oriente, señalan que se ven cantidades de camiones nodrizas, esos que llevan autos o motos nuevos para entregarlos a los distribuidores.

¡Ese es un signo de vitalidad comercial!

Otra señal es que, por encima de la agresividad en contra nuestra, que busca ganar indulgencias con escapularios ajenos, al presidente de Colombia se le ve haciendo lo posible para obstruir el comercio entre ambos países. Sin embargo, hace poco llegó a Caracas una delegación de empresarios colombianos que expresaron la urgencia —para ellos— de restituir la posibilidad de comprar cabillas y perfiles metálicos venezolanos.

Por escuchar las explicaciones agoreras de "economistas" que no salen de Caracas —pero se la pasan en redes y en la TV—, esos industriales pensaban que nosotros no estamos produciendo a la máxima capacidad por la crisis eléctrica.

Se llegó a un acuerdo y se les explicó que no tenemos problemas de electricidad —o al menos no como antes—, pero que, después de los terremotos, parte de lo que se exportaba en materia de cabillas y perfiles metálicos se estaba dedicando a la reconstrucción de La Guaira.

Medios y redes que se comportan como partidos de oposición o, mejor, como ejército invasor, se burlan de "las burbujas", refiriéndose a restaurantes más o menos caros y ubicados en las mejores zonas de nuestras ciudades.

Bien: la cámara que agrupa estos comederos finos indica que las ventas van subiendo poco a poco, y que no disminuyen. También señalan que se están mejorando los sueldos de jóvenes que comienzan a trabajar como cocineros, mesoneros, "parqueros" y personal de limpieza.

Estas son pequeñas muestras que contradicen la narrativa del oposicionismo acérrimo y que van a contrapelo de nuestra historia.

Me refiero a que después de la independencia y de las guerras de la Federación, Venezuela pasó a ser el país más pobre de Hispanoamérica; aun así, no sucumbió ante quienes nos llegaron a ofrecer como recompensa o botín ante las tropas inglesas.

Me refiero también a que antes de la llegada al país de las costumbres consumistas, los venezolanos más ricos solían veranear en Macuto o, más lejos, en Caraballeda o Camurí Grande.

Y la pasábamos bien.