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Letra fría | Casa de poetas

Por Humberto Márquez 


El sexto capítulo comienza con un paneo de la Quinta Milagro en La Alta Florida, el reguero de libros por doquier, unos cuadros en las paredes, y quién sabe cuántas botellas, uno siente que se psicoanaliza de incógnito como diría Mafalda, es la casa de Pancho Massiani, la Quinta Los Milagros de la Alta Florida. Hay una imagen que me encanta cuando hablan de las alfombras peludas que han tomado mucho vino, seguramente por tanta copa derramada. Lo de la cama en la sala es un poema, siempre destendida. Es como si nos estuvieran viendo por un huequito. Me imagino que, al llegar del Royal, el bar de La Florida donde se la pasaba, la cama en la sala era como un puerto de salvación, porque Pancho se daba durísimo, y no tanto lo que se daba, como la poca resistencia al alcohol, siempre se quedaba dormido, hasta que algún amigo lo llevaba. Lo mismo pasaba en La Bajada.


Pancho tomaba mucho vino, los corchos regados por todas partes, y el vaso de Cheez Whiz siempre lleno, son testigos. Hasta el personaje de Piedra de Mar, su libro más exitoso, se llamaba Corcho. Era un solitario, y yo por ejemplo, nunca pude hablar con él, lo que me habría encantado, porque casi siempre estaba dormido en una mesa, lo que sí recuerdo es que había unas lindas muchachas, se les veía lo de buenas familias, por encima de la ropa, que venían a rescatarlo. Sin embargo, pude ver el gran Pancho Massiani, en una formidable entrevista que le hizo el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio.


La vida de Pancho estuvo signada por su padre el doctor Felipe Massiani, nacido en Carúpano en 1906, quien me imagino que fue diplomático porque vivieron un tiempo en Chile, París, Nueva York y alguno que otro destino, como Madrid. En su infancia lo inicio junto a su hermano Felipe en el fútbol, en lo que fueron muy buenos, y viéndole aptitudes para el dibujo y la pintura, lo llevaba a exposiciones, y le motivó en la música regalándole un acordeón pesadísimo. Lo de la Literatura vino después.


El otro solitario de la República del Este, fue el poeta Luis Camilo Guevara, en una de esas se mudó a un edificio sesentoso en Colinas de Bello Monte, el apartamento de Luis Camilo es espacioso, de paredes blancas, y como dicen las chicas de esta tesis, entra mucho la luz, pero no el aire. Ambos vivían en las soledades de la vivienda de solteros, sin embargo, Pancho pertenecía a una sociedad resuelta, pero el Guevara venía arrastrando la cobija desde Tucupita. Por esos días andaba otro ricachón del Country Club, el Dumbo Marquez, pero el pasó sin pena ni gloria, porque no escribía, hasta donde yo supe, pero no dejo de ser visible por su colmillo de jabalí colgando del pecho, y su moto Harley Davisson.


El poeta Guevara era ciertamente taciturno, no era escandaloso como muchos de sus compañeros republicanos, se podría decir que era triste. De Luis Camilo dicen las muchachas que entre otras cosas su tristeza era porque nunca se había ganado un premio, cuestión relativa porque su gran premio era ser muy amigo de Caupolicán, un lugarteniente, porque el secretario o quien le cargaba el maletín era Buonafina, Miguel Ángel, el hermano de Doris Well, famosa actriz de la época. Mary Ferrero decía que en esos bares se unían soledades, después de las 5 de la tarde empezaban a llegar aquellos solitarios, Héctor Myerston, por ejemplo, era fijo, sentado en una barra tomándose un whisky, en realidad muchos whiskies en solitario. Aunque no todos eran solitarios y solteros, los había felizmente casados pero no los nombran, Daniel González y Esther Coviella, Salvador Garmendia y La Negra, aunque a ellos si en todos los capítulos, al que si nombran es al renegado Rodolfo Izaguirre, el vivía con su esposa Belén, según confesión propia iría un par de veces, a los bares pero después se retiró. Pero no por eso seria un renegado, todos son libres de beber cuando y donde le de la gana, pero si es renegado quien denigra de sus compañeros del movimiento El Techo de la Ballena, y lo que es peor, en sus últimos artículos ensalza a Romulo Betancourt y justifica que persiguiera y asesinara la izquierda, incluido el, aunque no, porque el siempre fue un asalariado de la cuarta, en varios de sus gobiernos, como director de la Cinemateca Nacional, que para ser justos, el ejerció muy bien ese cargo.  


También identifican a los despechados, en este caso despechada, Arlette Machado, quien después de su divorcio quedo muy mal, y se dedicó a los bares de Sabana Grande, a los escenarios de la república pues. En algún momento de la tesis ella confiesa que tuvo varias relaciones, pero sin éxito, y por eso también se retiró. No es de extrañar, porque en esa cuerda de borrachos había mucho “bate quebrao”. Sin embargo, tiene gratos recuerdos y no se arrepiente. Para Arlette, Luis Camilo no era ningún solitario, era muy amigo dos próceres de la patria de Caupo, El Chino Valera Mora y el poeta Ángel Eduardo Acevedo, y se les veía mucho junto, con Caupolican muchas veces, y recuerdo también al Catire Hernández de Jesús, las veces que estuve en su casa siempre estaban Luis Camilo y Caupolican.


Lo que sí era Luis Camilo, era un hombre sencillo, sin petulancia alguna, como lo corrobora en entrevista con Elena Vera en El Nacional de febrero del 81: No quiero Gloria ni poder. Sin embargo, alguna gloria tuvo al final de su vida, poco antes de su muerte, cuando el poeta William Osuna le dedicó un Festival de poesía, pero ya andaba en silla de ruedas.


Pero él estaba claro del tema de la partida, por eso cuando Miyo Vestrini le preguntó porque estaba tan triste, fue claro y preciso: “Uno sabe poeta, que en un determinado momento, uno va a perder el rumbo”.