Caracas, una hechicera inolvidable | ¡Leales siempre, traidores nunca!
Por José Antonio Ramírez
19/09/2029.- Las Acacias, ubicada en el sur de Caracas, debe su nombre a los árboles que se plantaron a propósito de la construcción de esa urbanización en la década de los cincuenta del siglo XX por Marcos Pérez Jiménez, quien entonces dirigía la nación como un cuartel, con mano de hierro, persiguiendo políticos y haciendo desaparecer a detractores disidentes.
Durante su gobierno de facto, ejecutó la planificación y edificación de un nuevo país mediante el contrato de profesionales, técnicos y obreros calificados. Dejó huella en todo el territorio nacional con obras monumentales que avanzaban al ritmo de una Venezuela considerada por muchos como próspera.
En ese escenario, la urbanización Las Acacias, vecina del Paseo Los Ilustres, atravesada por las avenidas Victoria, Nueva Granada y Roosevelt, se convirtió en cuna de la historia de la lucha estudiantil presente en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Es justamente allí, en las aulas y pasillos de la universidad, donde generaciones de mujeres y hombres con ideas de izquierda generaron debates y argumentos fundamentados con conciencia de clase y libraron batallas contra los gobiernos de turno en la mal llamada democracia de la IV República.
Fueron los presidentes elegidos de los partidos Acción Democrática y Copei quienes actuaron con total impunidad hacia los pobres, que representaban el 83% del país. Sin embargo, la estructura del Estado siempre protegía los intereses de la oligarquía, la burguesía, los empresarios y los militares.
Es en uno de esos apartamentos, que ha visto pasar cuatro generaciones de abuelas, madres, tías, sobrinas y primas, donde reside José Luis, un joven inquieto por la lectura, ávido del debate y las ideas de combate, quien decide incursionar en las ideas anarquistas.
Apenas 19 años acompañan al imberbe. Las lecturas ácratas bombardean su cabeza, mientras observa la ruina de la sociedad, mezclada con la indiferencia de los poderosos. Chicas y chicos de su edad quieren olvidar en redes sociales lo que no se atreven a vivir; la tecnología los entretiene con basura por internet y sus falsas expectativas los deprimen.
Así es la vida
José Luis se despierta un lunes con el despertador a las 6:30 a. m., va directo al baño, se lava los dientes y enjuaga la boca con ese sabor a menta que tanto detesta. Mientras, su nona lo espera con el café corto, tipo expreso, pues es italiana y le enseñó a tomarlo desde chico, para despertarse con ánimo y enfrentar la vida.
Él se va directo a la cocina, pide la bendición y con desgano toma su desayuno de la mesa: un sándwich de jamón y queso. Dos frutas lo acompañan: una mandarina y una manzana. Agua en cantidad, cuadernos, su celular y una copia del periódico El Libertario caen en su mochila.
Tiene muy claro quién es su enemigo. Lo define como "un ser etéreo, ausente, miserable, corrupto, burócrata y el principal motor del lavado de activos en Venezuela". Lo considera un ser que se ríe de todos al pasearse escoltado por ocho tipos en sus camionetas del año, con un apetito voraz. No le importa el cargo a ocupar; lo importante es que haya real. Político de carrera al fin, solo persigue su propio interés, piensa para sí mismo.
Rumbo a la Escuela de Comunicación Social en la UCV rumia en su mente cuál decisión tomar. Ser uno más del montón no está dentro de los planes. Los therians, farmear aura, hacer el tonto por TikTok o dejarse llevar por un influencer en Instagram no le va. Resuelve entonces seguir el ejemplo de los colectivos anarquistas (Crea y Combate) de otrora en Caracas.
En el receso entre clases revisa sus redes sociales y se mofa con desdén hacia el titular del momento: el empresario Alex Saab se declaró culpable de los cargos por lavado de activos en su contra, hechos ocurridos durante su gestión como embajador plenipotenciario de Venezuela.
La verdad es una quimera
Alex Saab, empresario colombiano y exministro de Industrias y Producción Nacional, cambió el pasado martes su declaración inicial de inocencia a culpabilidad en el cargo de lavado de dinero que se le imputa ante una corte federal en Miami.
El caso se originó por contratos en la importación de alimentos dirigidos a abastecer los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), un programa de distribución creado por el presidente Nicolás Maduro en 2016 para combatir la escasez de productos en Venezuela.
Alex Saab reconoció ante la Corte en Miami que la cifra del desfalco asciende a 195 millones de dólares, monto que aceptó entregar a las autoridades de Estados Unidos. Esa cifra responde a una acusación del fiscal, que describe una presunta trama de sobornos ligada a los contratos de alimentos.
La Fiscalía sostiene que la operación dirigida por Saab recurrió a empresas y a documentación que permitieron mover recursos a través del sistema financiero de Estados Unidos.
Sin embargo, se debe resaltar que el Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela recurrió a ese sistema para evadir el cerco inhumano producto del bloqueo económico y las sanciones unilaterales adoptadas por EE. UU. en contra del país.
Refiere Telesur:
El delito admitido contempla una pena máxima de veinte años de prisión. La Fiscalía se comprometió a recomendar una condena en el tramo bajo del rango aplicable y se reservó la posibilidad de pedir una rebaja adicional si la cooperación de Saab resulta útil para sus investigaciones.
Saab podría estar negociando con la Fiscalía de Miami su reducción de pena al admitir los hechos, entregar pruebas contundentes para la investigación, nombres de los responsables involucrados y una posible incorporación al sistema de protección de testigos una vez finalizada su sentencia.
El sol no se puede tapar con un dedo
Las acusaciones esbozadas por el imperio norteamericano de que el presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y parte de su generalato forman parte del denominado "cartel de los Soles" y promovían el narcotráfico internacional se quedaron en meras falacias.
Recientemente, el presidente Donald Trump decidió retirar a Venezuela de la lista de países que incumplen con la lucha contra el narcotráfico. El mandatario resaltó que Caracas ha demostrado "el cumplimiento de sus compromisos de control de drogas".
Asimismo, en un documento enviado al Congreso de EE. UU., el mandatario expresó que espera seguir observando "avances continuos y medibles por parte del gobierno" encargado de Venezuela, centrados en frenar este flagelo.
Desde hace veinte años, la nación sudamericana formó parte de este listado, donde figuran Estados como Bolivia, Honduras, Jamaica y México, por citar algunos.
En el texto, Trump señaló que, en un corto plazo, Colombia también podría estar fuera del recuento. "Si, como se espera, [Bogotá] avanza en la erradicación agresiva de cultivos de coca y en el desmantelamiento de sus redes narcoterroristas durante el próximo año, consideraré levantar la calificación de 'fracaso demostrable' que pesa sobre el país", reseña Sputnik.
De regreso a Tierra de Nadie
El álgido cambio de noticias en Venezuela y el mundo no deja de sorprender. José Luis no escapa a esa realidad abrumadora. Por esta razón, resuelve investigar a fondo la trama de corrupción que sacude los cimientos de la Revolución durante la gestión de Nicolás Maduro.
Al parecer, exministros como José Vielma Mora han sido vinculados con la trama de Alex Saab, quien asegura haberle dado 17 millones de dólares. Significa que políticos, empresarios, ministros y contactos internacionales con cuentas en Estados Unidos estarían involucrados en sobornos.
En fin, José Luis, agotado por la falta de honestidad en el manejo de la cosa pública, el abuso de poder, el lavado de activos y tramas de corrupción resuelve abocarse a la divulgación de las ideas ácratas y despertar así la conciencia social del pueblo venezolano.
Considera que la autogestión y organización de las comunidades es lo que va a permitir luchar en colectivo por una nación donde la equidad social, la igualdad de condiciones, de oportunidades y justicia para todos sin distinción dictamine la senda de un verdadero renacer.
Antes de regresar a casa, resuelve pasar por una pizza frente al parque de diversiones Bimbolandia y es allí donde recuerda la lucha anarquista por una sociedad más justa, equilibrada, autogestionada y dirigida por sus propios ciudadanos durante la corta República alcanzada en París, en el Mayo Francés de 1968. "Seamos realistas: hagamos lo imposible".
Compartir










