Caraqueñidad | Del primer juego de la Liga Especial y su significado
Por Luis Martín
12/09/2026.- La del viernes 14 de junio de 1974 fue una noche de privilegio para el deporte venezolano y, de manera específica, para el baloncesto profesional: nacía la Liga Especial con el juego inaugural entre Beverly Hills de Caracas y los anfitriones, Colosos de Carabobo, en un gimnasio Teodoro Gubaira a reventar.
Aún se respiraban en el ambiente deportivo mundial los aires de la Guerra Fría. Entre otros acontecimientos, este conflicto geopolítico dejó una profunda huella en los Juegos Olímpicos de Munich 72 tras la tragedia iniciada con el secuestro de unos atletas judíos por terroristas palestinos, la cual se saldó con más de quince muertos (atletas, extremistas y un policía). En contraste con el suceso, el tritón estadounidense Mark Spitz se convirtió en el rey absoluto de la cita al adjudicarse siete medallas de oro. En esa misma contienda, por primera vez una mujer, la velocista alemana Heidi Schüller, realizó el juramento olímpico, y también se estrenó formalmente una mascota: Waldi, un perrito multicolor que representaba a la ciudad sede.
Pero más especial aún, por tratarse del baloncesto al más alto nivel, fue la trascendencia de la canasta que embocó sobre la hora el soviético Alexánder Belov. Con su hazaña, la URSS se alzó con la medalla dorada y cortó la racha de 63 juegos invictos y siete títulos olímpicos consecutivos de Estados Unidos, al caer estos 51-50. Sin duda, aquel mítico choque impactó al planeta y, por supuesto, a Venezuela. Hasta hoy los analistas debaten sobre ese polémico partido.
De este lado del mundo se vivían días de bonanza petrolera. A raíz de la guerra del Yom Kipur en 1973, los países árabes embargaron las ventas de crudo a Estados Unidos por su apoyo a Israel, lo que disparó el precio del barril de 2 a casi 12 dólares. Venezuela capitalizó la coyuntura, elevó su producción a casi 3 millones de barriles diarios e inició un período de extraordinaria liquidez.
Todo aquello impulsó el crecimiento y la modernización del país. El 12 de marzo de 1974 comenzó el primer mandato de Carlos Andrés Pérez, quien creó el Programa de becas internacionales de estudio Gran Mariscal de Ayacucho y, poco después, decretó la nacionalización del hierro y del petróleo. Eran los días del "Ta' barato, dame dos", en los que el destino predilecto de los boyantes viajeros criollos era Miami.
En mayo de 1974 se fijó por decreto el primer salario mínimo nacional: 15 bolívares diarios, según el Decreto N.° 122 publicado en la Gaceta Oficial N.° 30.415. Con ello, el ingreso mensual se aproximaba a los 470 bolívares (unos 100 dólares al tipo de cambio de 4,30 Bs/$). Dado que la canasta básica se situaba en torno a los 250 dólares, el poder adquisitivo resultaba sumamente favorable. Había holgura para vivir bien, invertir, derrochar y hasta ahorrar. Tiempos prósperos.
Venezuela era un escenario tan atractivo que la inauguración del Poliedro de Caracas, el 26 de marzo de 1974, se celebró con el Campeonato Mundial de los Pesos Pesados —promocionado como "la aventura de Caracas"— y con el mismísimo Muhammad Ali entre los testigos en aquel numeroso público que desbordó la moderna instalación caraqueña. En esa histórica velada, George Foreman despachó por nocaut técnico en el segundo asalto (TKO-2) al también estadounidense Ken Norton.
En ese mismo período, un jovencísimo corredor de ascendencia italiana, Johnny Cecotto, conquistaba el campeonato nacional de motocicismo. Era el preludio de lo que lograría a toda velocidad sobre dos ruedas con su máquina Yamaha: el Campeonato Mundial de 350 cc en 1975 y el de 750 cc en 1978.
La farándula nacional tenía al gigante Renny Ottolina estrenando Renny presenta en sustitución de El show de Renny, espacios donde figuras internacionales y locales contaron con una vitrina de altísimo nivel. Estrellas como Tom Jones, Engelbert Humperdinck o Elton John compartían escenario con "el Puma" José Luis Rodríguez, Lila Morillo, Henry Stephen y el gran Aldemaro Romero con su pegajosa Onda Nueva.
Mientras el país bailaba al ritmo de La Dimensión Latina, el baloncesto venezolano acumulaba una modesta trayectoria panamericana. Sin embargo, un grupo de visionarios trajo ideas de Estados Unidos, adaptó un formato a la realidad nacional y lo presentó a comienzos de año en la convención de la federación, donde logró su aprobación.
Leonardo Rodríguez, junto a los hermanos Raúl y William Albert, entre otros, pergeñaron la naciente liga. Leonardo la preside con Enrique "Chichi" Hurtado como secretario general y Luis Gómez Logiodicce como encargado de la organización. Es justo recordar que Luis Chávez, aunque no figuró en la nómina oficial, prestó un apoyo logístico fundamental.
Fueron cuatro los equipos fundadores: Colosos de Carabobo, liderado por Flavio Fridegotto; Toyotas de Aragua, bajo la tutela de Rodolfo Ramírez; Beverly Hills de Miranda, encabezado por don José Beracasa y Armando Naranjo; y Ahorristas de Caracas, impulsado por Carlitos González.
El experimento resultó tan exitoso —con transmisiones televisivas divididas entre Venevisión y RCTV— que rindió frutos positivos para la selección nacional. En los Juegos Panamericanos de São Paulo 1975, pese a culminar en el octavo lugar, el quinteto criollo firmó notables victorias ante Bahamas (74-70) y las islas Vírgenes (98-86). Ello, sin dudas, abrió el panorama a las siguientes participaciones del baloncesto criollo a nivel de mayores en los Panamericanos de Caracas 83, Indianápolis 87 y La Habana 91, además del debut en el Mundial de Argentina 90 (11.° lugar), el histórico título en el Sudamericano de Valencia 91, el subcampeonato de América en Portland 92 y el debut en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Décadas después vendrían los "héroes de México" con el Campeonato de América y la clasificación en los Juegos Olímpicos de Río 2016, junto a las participaciones mundiales en Estados Unidos 2002 (puesto 14), Japón 2006 (puesto 21), China 2019 (puesto 14) y Filipinas, Japón e Indonesia 2023 (puesto 30).
La Liga Especial nació en un año atípico: la Liga Profesional de Beisbol había atravesado una huelga que paralizó el campeonato; por lo tanto, no hubo campeón. Debido a ello, en el ámbito internacional, todo estaba enfocado en el balompié con el Mundial de Alemania 74, que terminó consagrando al conjunto anfitrión.
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