Retina | Antes de los españoles
Por Freddy Fernández
@filoyborde
31/08/2026.- Alguna vez escuché decir a Rodolfo Izaguirre que teníamos una noción de la historia de nuestro continente como si las cámaras para registrarla hubiesen venido en las carabelas españolas.
Nuestro gran Evio Di Marzo, antropólogo, profesor, escritor, compositor y músico, antes de que algún imbécil le robara la vida, nos legó su maravillosa Selva del tiempo, en la que nos pone a mirar el mundo desde nuestras raíces americanas.
Sabemos que en estas tierras había ciudades más grandes y mejor planificadas que las ciudades de los invasores. ¿Sabemos también que existió aquí una civilización avanzada en la que todos los recursos y los medios de producción fueron propiedad colectiva?
No existía la moneda, sus ciudadanos entendían el trabajo como un fin en sí mismo y no como un medio para vivir. Hablo del Imperio de los incas, que si bien sostenía una jerarquía teocrática, tenía una exitosa economía sin propiedad privada y una sociedad comunal avanzada.
Nos dice Thomas Andrew en su libro No somos los primeros, que la Carretera Real tenía 5.230 kilómetros de longitud, iba de Colombia a Chile. Incluso hoy es una estupenda obra de ingeniería, superada solo en el siglo XX. Las carreteras del Perú estaban tan bien construidas, que todavía circulan por ellas automóviles y camiones.
La albañilería preincaica, megalítica, fue hecha con bloques de 20 a 100 toneladas de peso. Las junturas que las separan impiden la penetración de una hojilla. Hasta hace cien años nadie era capaz de imitarlos.
En 1950, el terremoto que sacudió el Cuzco afectó el noventa por ciento de los edificios de la ciudad, pero ni un solo edificio inca quedó siquiera agrietado.
El inca fue un imperio sin dinero y sin pobres, capaz de alimentar a todos sus habitantes, capaz de asegurar vivienda a todos. Tenían el mejor correo del mundo y no tenían cartas. No tuvieron escritura, pero sí una rica literatura. Construyeron las carreteras más largas y mejores del mundo, pero no tenían la rueda.
No había salario, pero sí casas, alimentos y vestidos eran gratuitos. Igualmente, la educación y la asistencia médica eran sin pago alguno.
Antes de la invasión europea, nuestros pueblos originarios no tenían pobres ni hambrientos. El hambre y la pobreza la trajeron los invasores.
Razón tenía Evio di Marzo al pedir "Selva del tiempo/ Envuélveme otra vez en ti/ Selva del tiempo/ Enséñame de nuevo la vía”.
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