Caracas, 09 de julio 2026
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Letra desatada | La verdad de mi algoritmo

Por Mercedes Chacín Díaz  


Empezando el siglo XXI, participé en la reingeniería del diario Últimas Noticias, realizada con asesoría de un grupo de comunicadores españoles. Entre las decenas de asuntos editoriales, me llamó la atención que afirmaran que la fuente de noticias más importante es la gubernamental. Decía el asesor algo que ya sabíamos. La conexión del interés humano con el periodismo. ¿Y quién toma más decisiones que tengan que ver con la gente? Pues los gobiernos locales. Luego participé en la fundación de Ciudad CCS, donde la conexión con los artífices de la Revolución Bolivariana era primordial, dándole sentido a la participación protagónica del pueblo. Antes, en 1999, el derecho a la información veraz fue letra constitucional en el artículo 58.

Ya pasado el primer cuarto del siglo XXI, el periodismo digital vive el drama informativo sin precedentes gracias a las redes sociales. La verdad oficial no importa. Tenemos derecho a la mentira. La verdad ya no se busca, o no se encuentra, y mucho menos se difunde. Millones de megáfonos en las manos de las personas propagan mentiras, con tecnología usada para que los bulos lleguen rápido. Lo llaman algoritmo. En un grupo de wasap de cualquier urbanización de clase media caraqueña no tienen dudas de su verdad. No hay forma de que se enteren de otra versión porque no les interesa. “El gobierno chavista destruyó el país", "son una banda de criminales, se robaron un trillón de dólares", "la mayoría de los muertos son de los edificios de la Misión Vivienda”, etcétera. El terremoto doble es un detalle donde el bloqueo económico no se escucha ni como un rumor lejano.

En paralelo, se divulga que las personas que están en los campamentos transitorios “son delincuentes y marginales”. El razonamiento paga y se da el vuelto: como la mayoría de los edificios derrumbados son de los urbanismos de la Misión Vivienda, “donde metieron a los pobres”, pues esos son los que están pernoctando en los campamentos transitorios. La mentira se legitima, se refuerza: “Vienen a vivir aquí, en mi linda urbanización, esa gente fea, esos malvivientes”. 

Simultáneamente, en un ejercicio espiritual incoherente hacen misas en los terrenos ahora vacíos, donde antes se erigía un edificio, e invocan a Dios para que los cuide exclusivamente a ellos. 

Desde el golpe de tristeza del 5 de marzo de 2013, para acá las noticias no han cesado. Algunos las conectan con Maria Lionza, con el Diablo y hasta con algún Dios que nos castiga con pandemia, guarimbas, guerras económicas y cognitivas, intentos de magnicidio, bombardeo y dos terremotos. Esta última tragedia ha sido la más brutal porque bastaron 45 segundos para estremecernos de espanto e inmediatamente inundarnos de lágrimas. 

Sí. Los gobiernos lideran en los países, en Venezuela también, y generan noticias. Primero salvando vidas y evitando que aumenten las muertes (sí, con la ayuda de todas y todos); organizan campamentos transitorios, canalizan la ayuda internacional, suministros y dinero. Sí. La presidenta encargada no ha dejado de solicitar con ahínco, desde antes del 24J, que liberen, ellos tan libertarios, lo que nos tienen “retenido” en el FMI y en Inglaterra. Sí. Desde el bombardeo bárbaro de los gringos estamos pidiendo que eliminen el bloqueo. Sí. Sin duda, nuestras autoridades están actuando desde el primer momento. Pero eso no es favorecido por los algoritmos. Ni por influencers, devenidos en mercenarios de la guerra cognitiva que no ha cesado. El interés es decir lo contrario como quedó demostrado con las insólitas preguntas (por insolentes y arrogantes) de los corresponsales extranjeros en la rueda de prensa internacional ofrecida por Delcy Rodríguez, comandante en jefa de Venezuela. Mentir hace daño. Causa desmovilización o movilización que puede ser letal. Sin contar con lo que genera en quienes ya tienen suficiente con haber sobrevivido a un horror para agregarle más desasosiego. Sí, son hienas que no buscan la verdad, buscan el caos. 

Los que viven en un paralelepípedo dicen que no nos levantaremos, que hace falta más que bloques de cemento, porque ellos son mejores. ¿En qué? 

Confío en quienes desde el 3 de enero nos acompañamos y nos cuidamos con alegría e inteligencia. No confío en quienes piden la invasión desde hace años y “elecciones ya”, porque son los mismos que en junio de 2026 solo siembran verdades llenas de desesperanza. No dudo dónde está mi verdad. Lo que hace a nuestras verdades diferentes es que puedo sonreír con la mía. Me da paz y amor. Ese es mi algoritmo. Sigamos.