Caracas, 01 de julio 2026
Logo
Image

Un mundo accesible | Resiliencia: adaptabilidad y optimismo realista

Por Angélica Esther Ramírez Gómez

01/07/2026.- Cuando consideramos los hechos en sí mismos, y no de forma aislada, rápidamente nos hacemos conscientes de su infinita multiplicidad. Asimismo, descubrimos que nuestra percepción habitual de la realidad se encontraba muy alejada de esa complejidad a la que, en un momento dado, hemos decidido abrirle la puerta.

En definitiva, la interpretación de aquello que llamamos verdad es un estado cambiante y profundo. Quizás por ello nacen de allí muchos inventos y prejuicios. Sin embargo, una vez alcanzada cierta madurez emocional e intelectual, resulta más que evidente lo que provocó el estrechamiento de nuestra óptica y qué fue lo que omitimos. Al cambiar para bien nuestra forma de actuar, renunciamos a esa tendencia mezquina que nos llevaba a pasar por alto una importante suma de aspectos relevantes, los cuales se pierden en medio de una experiencia desvinculada del panorama general. Los hechos heroicos aislados no implican tener resiliencia.

Dicho esto, ¿cómo podemos definir la resiliencia? ¿La resiliencia y la valentía van siempre de la mano? ¿O acaso hemos impuesto prejuicios con respecto a un modo de vida más complicado de lo que imaginamos alguna vez? ¿Dónde marcamos el límite entre la desmesura de un tercero y la fortaleza auténtica de aquel que ha logrado anteponer su voluntad a las catástrofes que lo asedian y avanzar sin ignorar las muchas desventajas a las que, por una u otra variable, ha sido sometido?

Ser resiliente implica mucho más que continuar en el mismo camino a pesar de las dificultades. Se trata de mantener una actitud positiva y constante frente a la vida, pese a sus vicisitudes. Me refiero, estimado lector, a un conjunto de hábitos que nos acompañan, se convierten en parte de nuestra identidad y, en última instancia, de nuestro legado. No existe una sola palabra que pueda definir dicha virtud, pues se presenta de una forma diferente en cada uno de nosotros.

La resiliencia nos vuelve un poco más perseverantes, valientes y adaptables. Nos convierte en individuos capaces de transformar un deseo remoto en un sueño, y un sueño lejano en una realidad alcanzable. Nos permite convertir pequeños pasos, casi invisibles, en grandes logros sumamente nobles, capaces de inspirar a otras personas a luchar por sus propios anhelos y, por supuesto, de aportar un profundo sentido a la vida. Al final, no se trata de lo que se consigue, sino también de lo que se aprende a lo largo del camino, así como de las personas que se convierten en parte de nuestra historia y que nos ayudan a consolidar metas, planes o proyectos que ante nuestros ojos parecían irrealizables.

Hace pocos días tuve una experiencia reveladora con el sensei Edward García, quien despertó mi interés porque, además de practicar una demandante disciplina de artes marciales conocida como jiu-jitsu, comparte una perspectiva de vida esperanzadora, capaz de inspirar tanto a alumnos como a cualquiera de sus conocidos. Encontré en él a un espíritu afín y a un amigo para toda la vida, con quien compartí un conmovedor proceso de introspección en el cual la adversidad no solo era vista como un obstáculo, sino como una oportunidad para redescubrir nuevas fortalezas, fomentar la empatía, incentivar la cooperación, promover la humanidad y reevaluar las prioridades. En definitiva, creo que damos muchos valores por sentado, por lo que debemos ser agradecidos mientras edificamos cada proyecto y consolidamos nuevas metas.

Más allá de una convivencia excepcional y caballerosa, y un trato ejemplar, atesoraré siempre el sentido de pertenencia que cada uno de los participantes incentivó como equipo, así como el respeto y la consideración mostrados hacia quienes padecemos algún tipo de condición que, si bien no nos priva por completo de la práctica deportiva, sin lugar a dudas nos impone ciertas desventajas físicas. Hemos de sopesar estas herramientas con una filosofía de vida que nos permita hacer frente a distintas vicisitudes, junto a la voluntad de alcanzar un propósito que nos eleve sobre ese vaivén de euforia y tristeza que muchas veces experimentamos.

Tuve la fortuna de desenvolverme en una atmósfera donde experimenté muchas posibilidades que me permitieron centrarme en mi objetivo, a pesar de las diferencias. Son pocas las comunidades donde el deporte también abre la puerta a la accesibilidad. Es entonces cuando encontramos, bien sea en un dojo o en una cancha, el espacio donde los prejuicios quedan atrás, así como también la soledad del aislamiento.

De esta conmovedora escena emerge una atmósfera de emotividad que, desde mi punto de vista, es capaz de estremecer a todos los espectadores. De pronto, el anonimato ya no tiene lugar y una voz empática se anima a contar quién es. Algunas historias de superación tienen cabida y resuenan como un ejemplo vívido. De repente, empieza a experimentarse la integración y es el momento cuando el deporte o la actividad física dejan de ser una mera competencia o una rutina saludable para convertirse en algo mucho más trascendental: una hermosa muestra de la diversidad de los sueños que anidan en el corazón de cada practicante.

Considero, estimado lector, que la esencia más genuina de una disciplina o de la actividad física se percibe en este tipo de historias, en esa suma de instantes que pasan a la posteridad justamente porque los hemos valorado. Al final del día, opto por concluir que hay belleza en las capacidades diversas y que la accesibilidad representa, sin lugar a dudas, un espacio donde encontramos un impulso vital inspirador y apasionante. Este nos ayuda a convertir pasiones en acciones concretas, así como a alcanzar metas que nos permiten explorar y desarrollar virtudes como la perseverancia, el esfuerzo, la humildad y la fuerza de voluntad ante la adversidad.

¡No te rindas sin antes dar la pelea!