Letra invitada | El bloqueo de EE. UU. y las víctimas de los terremotos
En Venezuela
Por Aram Aharonian
30/06/2026.- Pueblo y gobierno se activaron con velocidad en redes solidarias, tal como en las últimas décadas ha ocurrido en Venezuela.
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Cada 24 de junio los venezolanos conmemoran la batalla de Carabobo —evento determinante para la independencia— y el Día del Ejército. La fiesta de San Juan de Curiepe es una celebración afrodescendiente que se realiza en el estado Miranda a ritmo de tambor. Se venera la imagen de San Juan Bautista con una serie de rituales, música y danza que se extienden desde la medianoche del 23 hasta la tarde del 25 de junio de cada año.
Sin embargo, a partir de 2026, esta fecha tendrá otra carga histórica. A la batalla de Carabobo y los tambores de San Juan se sumará el peor doblete sísmico que haya vivido el país, ocurrido en un contexto agravado por el criminal bloqueo estadounidense.
En medio de esta tragedia y el dolor, es necesario destacar la solidaridad del pueblo venezolano: familiares sosteniéndose, vecinos acompañándose, desconocidos abrazándose; personas que comparten una arepa y otras que hacen un mercado para quien lo necesita. Pueblo y Gobierno se activaron con velocidad en redes solidarias, tal como ha ocurrido en Venezuela durante las múltiples crisis que ha atravesado en las últimas décadas.
Sabiéndose culpable, Estados Unidos ha suspendido las sanciones a su país tutelado, ha ofrecido 150 millones de dólares en ayudas y ha movilizado barcos y aviones militares, entre otras medidas tras el desastre. No obstante, las ya debilitadas infraestructuras médicas y la escasez de recursos se ponen a prueba ante la descomunal emergencia sanitaria que supone un potente terremoto de magnitud 7,2, seguido apenas 39 segundos después por otro mayor, de intensidad 7,5.
Las labores de búsqueda se ven limitadas por la falta de equipos especializados para intervenir estructuras colapsadas. Esto obliga a los organismos de emergencia a trabajar con recursos insuficientes frente a la magnitud de la tragedia. Son los propios voluntarios los que, con lo que tienen cerca —incluso sus manos—, han estado tratando de liberar a las personas atrapadas. Los informes son demoledores: centenares de muertos, miles de heridos de diversa gravedad y la agonía de ciudadanos que, bajo los escombros, esperan a ser rescatados.
Debido al impacto del criminal bloqueo estadounidense, los centros de salud carecen de suministros y suficientes medicamentos, haciendo que la emergencia sea aún más difícil de afrontar. En abril, la Federación Médica Venezolana (FMV) afirmó que "el 90% de los hospitales del país están desabastecidos". Asimismo, la última Encuesta Nacional de Hospitales, de 2024, indicó que el déficit de insumos de quirófano alcanzaba el 74% y, en promedio, solo cuatro de cada diez salas de operaciones estaban operativas. En 2025, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos había alertado de esta realidad, señalando que en 91% de los hospitales les solicitaban a los pacientes llevar sus propios insumos médicos para cirugías.
Para aquellos ultraliberales que cuestionan la relevancia del Estado en Venezuela, esta concepción pudiera tener una resonancia particular. El aparato estatal —vaciado y debilitado en su capacidad para proveer servicios, garantizar seguridad y soberanía territorial, menos por ineficiencia propia que por la injerencia estadounidense— está limitado para responder a una población que hoy añora la seguridad y capacidad de respuesta que brindaba el gobierno chavista.
La dura realidad se está viviendo (sufriendo) en tiempo real. Ya sabemos que el impacto de los desastres naturales depende de la capacidad institucional para proteger a su población antes, durante y después del evento. Y esa capacidad, en Venezuela, hoy se muestra mermada y territorialmente desigual.
Este es un debate que los terremotos ponen de relieve con urgencia. A pesar de estas severas limitaciones y del debate ideológico global que cuestiona la relevancia de las instituciones públicas, el Estado venezolano no deja de trabajar estrechamente junto a las comunas y los colectivos populares para brindar apoyo a como dé lugar.
La sensación de desprotección con la cual la población ha sido forzada a vivir no debe ser normalizada. Esta sociedad ha sufrido en múltiples dimensiones, ha puesto el cuerpo en la lucha por sobrevivir e incluso ha autofinanciado la fragilidad del Estado bajo asedio externo. Los terremotos y sus consecuencias ponen sobre el Ejecutivo una responsabilidad ineludible, aunque evidentemente está postergada por la "tutela" depredadora de Estados Unidos.
Sin duda, el Estado venezolano debe ser repensado y reconstruido para cumplir con sus funciones básicas, pero también para responder y anticipar los desafíos por venir. Para ello, debe quitarse de encima la tutela estadounidense, cuyo único interés es apoderarse de los ingentes recursos nacionales —en especial de hidrocarburos—, sin importar el presente ni el futuro de millones de venezolanos.
La lógica imperial quedó comprobada estos días en la sufriente patria de Bolívar.
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