Caracas 02, de Junio de 2026
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Copa del Mundo 2026: la FIFA y su ecuación perversa

El fútbol se ha convertido en una mercancía como cualquier otra del mercado

La FIFA actúa como un poder supranacional.


01/06/26.- La Copa del Mundo que se celebrará en los tres países anfitriones México, Estados Unidos y Canadá, con 48 selecciones y 104 partidos, representa la culminación de una tendencia hacia el gigantismo que la FIFA ha impulsado como respuesta a sus crisis de legitimidad.

En una entrevista exclusiva para nuestro diario digital CiudadCCS, el antropólogo Pedro García Avendaño explicó que el fútbol se ha convertido en una mercancía como cualquier otra, sometido a leyes del mercado y al servicio de los intereses de los grandes grupos financieros; y la FIFA actúa como un poder deportivo supranacional o un supraestado.

"El Mundial 2026 puede ser comprendido como un saqueo triangular en el que convergen negocio (a través de la acumulación del capital por medio de patrocinios, derechos televisivos y especulación inmobiliaria), despojo urbano (con la gentrificación, desplazamiento de comunidades y privatización de bienes comunes) y ecocidio (por medio de las huellas de carbono sin precedentes, la destrucción de ecosistemas y la contaminación", advirtió García Avendaño.

Explicó que estas tres dimensiones (negocio, despojo urbano y ecocidio) no se presentan como efectos colaterales, sino que son componentes estructurales de la lógica de acción de la FIFA; y destacó la necesidad de desmontar las narrativas hegemónicas que presentan estos megaeventos como sinónimos de desarrollo y modernización, cuando en realidad pueden ser comprendidos como una "doctrina de shock", que impactan negativamente agudizando las crisis ya existentes.

El antropólogo dijo que lejos de ser una actividad neutra o apolítica como pretenden los discursos oficiales del COI (Comité Olímpico Internacional) y la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado), estos grandes eventos deportivos como el Mundial y los Juegos Olímpicos constituyen un dispositivo de dominación que articulan intereses económicos, geopolíticos y simbólicos.

En este contexto, García Avendaño apuntó que para llevar adelante estos megaeventos, la FIFA actúa como un poder supranacional dejando de ser un intermediario para convertirse en un actor geopolítico por derecho propio. Así, el organismo impone leyes que violan la soberanía de los países sedes e instaura regímenes temporales de gobernanza excepcional. En muchos casos estas prácticas implican una reconfiguración neoliberal del espacio urbano en las ciudades y como consecuencia cambios en la vida de poblaciones y comunidades.

"Durante el Mundial Brasil 2014, vimos cómo se produjeron desalojos forzados y expropiación de espacios que se traducen en atropellos contra comunidades, grupos sociales e indígenas; despojo de territorios y transformación de espacios a través de estos megaproyectos de infraestructuras que terminan siendo acciones depredadoras. Es decir, nos venden fútbol y entretenimiento mientras naturalizan una devastación", acentuó el profesor.

La FIFA y el COI superan al Estado y sus leyes con un marco legal supranacional. "Puedo citar como ejemplo de esto los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 o los Juegos Olímpicos de Río 2016, en los que nos damos cuenta que estoa organismos internacionales aplican leyes de excepcionalidad. Durante estos eventos suspendieron garantías constitucionales y derechos fundamentales, se produjeron desalojos forzados y se criminalizó la protesta, se restringió la venta ambulante y se impuso un marco legal y el control absoluto de los espacios públicos y las patemtes comerciales", dijo García Avendaño.

En el caso de Brasil 2014, la llamada "Ley General del Mundial" permitió a la FIFA actuar por encima de las leyes locales. En Buenos Aires 2018 se replicaron mecanismos de militarización de zonas urbanas y priorización de la lógica comercial sobre el uso cotidiano del espacio público. La patemte olímpica permitía al COI controlar el uso de imágenes y espacios. Este hecho nos demuestra cómo la excepcionalidad legal se institucionaliza como poder supranacional.

"La imposición de marcos jurídicos supranacionales que suspenden garantías locales y subordinan los ordenamientos a los mandatos de la FIFA, no solo viabiliza el despojo territorial y la devastación ecológica, sino que constituye en sí misma una práctica neocolonial que vacía de contenido la soberanía estatal", explicó, al tiempo que acotó que estas prácticas en el ámbito deportivo reproducen las mismas asimetrías de poder que históricamente han sometido a las periferias globales.


La coartada ideológica


La cultura delincuencial de la FIFA naturaliza la explotación.




En la globalización, el fútbol actúa como un aparato ideológico que naturaliza la explotación. El periodismo de investigación ha colaborado con pruebas contundentes sobre esta estructura mafiosa de la FIFA, que funciona estructuralmente como una empresa criminal que practica lavados de dinero en paraísos fiscales, emplea artimañas sistemáticas de sobornos, apuestas ilegales y cobro de comisiones.

Según los investigadores, esta cultura de la impunidad delincuencial se ha mantenido para el Mundial 2026. El gigantismo del torneo con 48 selecciones, 104 partidos y tres sedes anfitrionas es la continuación de esa lógica criminal. Como dato clave podría señalarse que el mercado de apuestas ilegales mueve anualmente 1,7 billones dólares, lo que aumenta considerablemente la corrupción tres este enorme flujo de dinero.

En su investigación, el profesor García Avendaño analiza el megaproyecto "City in Play", del Mundial 2026 en tres ciudades mexicanas: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara; y documenta cómo el evento actúa como catalizador del extractivismo urbano en múltiples dimensiones. "Los preparativos para la Copa profundizaron las crisis socio ambientales existentes acelerando procesos negativos ya presentes en las ciudades sedes", indicó.

En otro ejemplo podemos citar que el gobierno mexicano concedió 450.000 metros cúbicos de agua al año al estadio Azteca de Ciudad de México en un contexto de sequía y crisis hídrica en el valle de México, según investigación de Streule (2026). Este fenómeno, dice el autor, se inscribe en lo que se denomina neoextractivismo, ya que esa agua sería suficiente para abastecer a todo el vecindario durante un mes.

Asimismo, la conversión de espacios públicos en mercancías para el turista global se traduce en el desplazamiento de vendedores informales de comunidades de bajos ingresos. Activistas locales describen este proceso como limpieza social. Además, colectivos como "Obrera Ciudad de México" han denunciado que los alquileres se disparan en un 155% en víspera del Mundial 2026. 


La huella de carbono


Más selecciones, más partidos, más sedes, más carbono y más daño ambiental.



El Mundial 2026 será el evento deportivo más contaminante en la historia de estos juegos. Según el informe de Scientist for Global Responsibility (SGR, 2025) la huella de carbono se estima en 9 millones de toneladas de CO2, equivalente casi al doble del promedio de los últimos cuatro años mundiales. 

La pesquisa de la investigadora británica Kate Gornall (2026) en un reportaje para la BBC Sport, precisa que la aviación representa entre el 80% y el 90% de esta huella de carbono, debido a la dispersión geográfica del torneo, donde las sedes están separadas por más de 4 mil kilómetros.Es decir, un aficionado inglés que siguiera a su selección hasta una hipotética final generaría 3,5 toneladas de CO2, equivalente a calentar un hogar británico durante 19 meses.

La conexión entre ecocidio y negocio es explícita. El capitalismo convierte el daño ambiental y social en una externalidad que el sistema no está obligado a internalizar, dijo García Avendaño. La FIFA, al igual que el COI, utiliza discursos de sostenibilidad y legado para maquillar sus prácticas depredadoras.

A pesar de que su presidente, Gianni Infantino, proclamó en la COP26 (Cumbre del Cambio Climático) su determinación de luchar contra el calentamiento global, la organización ha evitado cualquier evaluación o promesa concreta para 2026. Así parece que la negación ambiental de la FIFA, que obtiene privilegios de normas ambientales, permisos para construir en áreas protegidas y exenciones de impuestos verdes, va a continuar.

Asimismo, al pasar de 32 a 48 selecciones, el organismo hace todo lo contrario a lo que recomiendan los expertos para contener el impacto ambiental, demostrando un apetito insaciable de crecimiento que crea un ciclo sin fin de más partidos y más vuelos. Es así como el derecho a un ambiente sano es suspendido en nombre del espectáculo. 


SABINA DI MURO/CIUDADCCS