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“¡Ah mundo, Barquisimeto, dijo….!”


24/03/10.- En primera instancia uno va a enterarse de qué se trata el asunto. Cómo es eso del joropo zapateado o el mirandino. Dicen los expertos que el primero encierra más posibilidades de hacer figuras, que tiene más sabor a llano y los bailadores hacen sonar duro las alpargatas mientras la mujer festeja con su falda... En Miranda la cosa es distinta, es “trancadito” y el hombre no suelta a su pareja, pero eso sí, da vueltas, muchas vueltas sin levantar los pies, sin levantar el polvo…¡Así mismito es!

Hasta el 31 de este mes el joropo y sus variantes mandan en los espacios de Pdvsa La Estancia. La gente del interior se ha reencontrado con sus raíces en la propia capital, particularmente los guaros, que han disfrutado de lo lindo con las conferencias sobre esa manera de decir del larense.

EL GOLPE TOCUYANO

Esta modalidad de nuestro joropo fue abordada la semana pasada por el profesor Manuel Antonio Ortiz, especializado en estudios de guitarra, viola y dirección coral. Por si esto fuese poco, es creador de la cátedra de Psicología de la Música en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) y miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Musicología.

Luego de discernir en torno a las costumbres larenses, Ortiz entró de lleno en el golpe larense o golpe tocuyano, dejando en claro que existe una gran variedad de melodías de “golpe” a lo largo y ancho del territorio.

“En el caso del golpe larense se trata de un canto al compás del vals. Los cantores entonan cuartetas a dos voces y al terminar cantan el estribillo de acuerdo al nombre de la pieza. Los instrumentos empleados con más frecuencia para interpretar el golpe son el cuatro, el cinco, el tambor colgante y la maracas. El bailarín suele hacerle gracias a la pareja, moviendo continuamente las manos, descubriendo la cabeza para poner el sombrero a los pies de la dama cortejada. Es algo vistoso y digno de verse”.

Lamentó el conferencista que el golpe no se haya difundido tanto como la gaita zuliana, “que para algunos es producto del legado africano y para otros del español, incluso del indígena, pero lo cierto es que hasta en Estados Unidos hay grupos de gaita”.

DE GOLPE, UN FIN DE SEMANA

Fueron programados talleres de baile e interpretación, conferencias y documentales, además de la exposición titulada “Joropo: entre pasaje, golpe y estribillo”. Los organizadores se quedaron cortos, porque jamás pensaron que el “golpe larense” tendría tanta convocatoria. Ese rasgueo seco del cuatro y las voces bullangueras en el canto interrumpido; el paso del valseaíto con el entrecruzar de pies. “Guaro, tenga cuidao pa’ que no se caiga….” La risa fue el lugar común de una hermosa mañana que se unió sin problemas al jolgorio de la tarde.

El grupo Alma de Lara arribó a La Estancia con su eterna bulla. “¡Aquí vinimos a caerles a golpe limpio, cará…!”, exclamó Oscar Medina, director, luego de interpretar el primer tema. Los bailadores se fueron acercando con cierto sigilo y soltaron uno que otro paso en el cuadrilátero de vinil, especialmente dispuesto a un lado del escenario para zapatear a placer.

Todos ataviados de franela blanca manga larga y pantalón crema, rematado con un paño rojo al cuello y un sombrero de cogollo. Lo prometido es deuda y a punta de golpe el grupo hizo que la audiencia olvidara el significado de la palabra descanso, mucho más cuando arrancaron con la pieza El buen larense, para hacer que a la improvisada pista ya no le quedara espacio vacío; parecía que Barquisimeto entero y zonas aledañas se hubiesen trasladado ese día a La Estancia para demostrar sus habilidades. Profusión de zapateaos, vueltas y otros giros, propios de quién sabe lo que está haciendo.

Medina se convirtió luego en conferencista. Conocedor de sus raíces, guaro ciento por ciento, explicó al público asistente la doble vocalización, el uso de instrumentos de percusión –bombo, palitos y pandero– así como el ritmo rápido y valseao de esta variante occidental del joropo.

Habló de las diferencias básicas entre el golpe tocuyano, de tempo más acelerado, y el golpe curarigüeño, un poco más apaciguado.

Composiciones clásicas de la tierra crepuscular fueron interpretadas por Alma de Lara, tales como Cánteme compadre, el conocido golpe General Jacinto Lara, de don Pío Alvarado, y El morenito, donde se apreció un prolongado solo de cuatro.

Además del golpe, Alma de Lara aprovechó la ocasión para presentar otros ritmos de la región, entre ellos las décimas a la Cruz, de ejecución lenta y carácter netamente recitatorio, luego de lo cual instó a los larenses y al pueblo en general, a salvar la fiesta de Cruz de Mayo en Lara, “que está amenazada de desaparecer por los avatares propios de la vida moderna”. Seguidamente hicieron muestra del son de galerón y del seis figuriao, ritmos pertenecientes al también popular Tamunangue.

LOCOS Y LOCAINAS

La nota de color la pusieron los locos y locainas, estrafalarias figuras que bailan cada 28 de diciembre en Sanare –La Zaragoza– que en los jardines estancieros arrancaron a danzar desenfrenadamente, mezclándose con la audiencia y sumando a su bochinche colectivo niños, adultos y ancianos por igual, guardada para el recuerdo en tantos receptores celulares que, como si de una orden se tratara, enarboló buena parte del público.

Alma de Lara se despidió de su público con el famoso golpe tocuyano, que hizo que los bailadores ocuparan no sólo la pista de vinil sino todo el escenario. Todos a una coreaban la melodía, que ya es más himno que simple canción…. “Ah mundo, Barquisimeto, dijo un barquisimetano; yo digo ah mundo El Tocuyo, porque yo soy tocuyano… regálame un beso, morena del alma; regálame un beso, morena del alma. Adiós porque ya me voy, quizás no vuelva mañana”.




Joropo: entre pasaje, golpe y estribillo

La presencia de Francisco Pacheco fue saludada por el público de La Estancia con un sonoro aplauso. Hubo silencio cuando el cantor comenzó a pasearse por todas las regiones venezolanas donde el joropo tiene su asiento; el joropo y sus distintas variantes.

Pacheco se hizo acompañar por una envidiable cohorte de músicos, entre los que se encontraban Ismael Querales, Javier Marín, Pedro Marín, Oscar Lista, Daniel Gil, Rolando Canónigo y Yustardi Laza, este último, nuevo valor de la cantata criolla. De inmediato rompieron el silencio musical con un sabroso “gabán”, género del joropo llanero. No más sonaron los primeros acordes del arpa, los bailantes tomaron el vinil, haciendo su espacio para zapatear a gusto. Querales realizó un inspirador solo de bandola con aires arabescos, que reventó en un “pajarillo recio”, acompañado de palmas. “Definitivamente, el pueblo venezolano es joropero”, dijo Ismael Querales, visiblemente emocionado; “Al joropo hay que defenderlo porque nos lo quieren quitar... y declarar este género musical venezolano como Patrimonio Mundial de la Humanidad”.

Ángel Méndez  / Ciudad CCS




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