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ÉPALE CCS/ NOVELA


FALSAS, MALICIOSAS Y ESCANDALOSAS REFLEXIONES DE UN ÑÁNGARA (CAP. III)

19/05/13.-Cuando comenzó la tal democracia que los incautos y los turistas creen que existe en Venezuela, y los antepasados empezaron a darse cuenta de que habían metido la pata con eso de desarmar a los negros y despojar a la Junta Patriótica de los poderes y entregárselos otra vez a la burguesía, entonces todo el mundo comenzó por autocriticarse echándole las culpas a su vecino de semejante desafuero y ridiculez, y de eso de firmar treguas y capitulaciones con los ricos en vez de terminarlos de joder, y de estar ensayando unas tales “fórmulas de convivencia pacífica dentro de un clima de tolerancia recíproca”. Cuestiones que solo se las creyeron y cumplieron los comunistas, mientras los aristócratas y mantuanos se recuperaban de sus dolencias para asaltar de nuevo el poder por la vía de Castro León y demás militarotes de vieja estofa o por las flamantes elecciones que el Tiosam se sacó de las mangas de su flux azul y rojo con estrellitas.

“Clemencia criminal que contribuyó, más que nada, a derribar la máquina que todavía no habíamos enteramente construido”.



Entonces, los ancestros se empezaron a echar la culpa entre ellos y jamás al imperialismo y a lo brutos que fueron. Y no parecen hijos de Simón Antonio que, cada vez que lo envainaban, todas las culpas se las echaba Él mismo, y jamás a sus generales, y mucho menos a sus tropas, y ni se puso a estar inventando partidos para estar debilitando el de la Libertá, que ese siempre existe en el sentir de los pueblos, y el que se quiera meter se mete, y el que no, que no esté jodiendo.

Los adecos se dividieron, los que estaban mandando y los pendejos que, a su vez, se escisionaron en los del MIR, que eran unos chavalos de los que se fueron a los montes a acompañar a los guerrilleros. Y en los del PRIN que, como eran viejos, ancianos, tenían vergüenza de haber sido adecos, pero no tenían fuerza ni bolas de meterse a llevar vainas por los montes, sino que inventaron su tarjeta para tumbar al gobierno en las próximas elecciones, que nunca pudieron los guerrilleros con las escopetas, mucho menos ellos con papeles.

Y en los del MEP, que se salieron de último y no les había dado lástima más antes todos los obreros, estudiantes y campesinos que Rómulo, Raúl Leoni y Carlos Andrés Pérez habían matado, y que este último era el Ministro del Interior, o sea, el jefe de los polizontes y de los sicarios que torturaron al profesor Lovera y lo echaban al mar envuelto en unas piedras y unas cadenas, hasta que lo asesinaron, y el mar ya no aguantaba más sangre ni cadáveres y por eso lo echó para afuera en las playas de Lecherías. Un día yo miré al Flaco Prada haciendo cuentas de eso de los crímenes, y eran más de dos mil gentes asesinadas. Que Carlos Andrés eso lo debe.

Pero los del MIR, los del PRIN y los del MEP se dividieron otra vez en unos viejos prostitutos que se regresaron otra vez pa’onde los adecos, y los otros que se quedaron en esos partidos y le siguieron echando bolas honestamente. A Jóvito, que tenía su partido URD, algunos se le fueron para la montaña como el comandante Fabricio Ojeda, jefe de la Junta Patriótica, el único diputado que renunció al Congreso Parlamentario que inventaron los adecos y a los riales que allí le daban y se fue con los guerrilleros del Frente “Simón Bolívar”, y no al revés como hacen muchos. Además, lo echaron preso por medio de traiciones, y lo ahorcó la diguepol, y eso los adecos también lo deben.



Por otras cosas, Wuorfang Larrazábal se pelió con Jóvito, y unificó más al pueblo con otro partido que quedaba por la Calle Real de los Paraparos, para que toda la gente se saliera de los otros partidos y los guerrilleros de los montes, y se metieran en el partido del para tomar su poder que él se lo había quitado a Fabricio Ojeda, y a su vez se lo dejó quitar por Rómulo, y su destino ha sido siempre andar como un mismo güevonote, que ni la burguesía lo quiere, y eso que la ayudó tanto a engañar a la chusma.

Jóvito tenía su sucursal por ahí por la plaza de La Vega, al lado de la junta comunal, donde se la mantenían unos viejos negros que se habían vuelto pendejos y que tenían una hijita dellos que querían que se casara conmigo estando yo chamo, para que la rescatara de la mafafa y la mariguana que le daba el Ciempiés por los lados de Los Bloques, y yo me arreché con ella, porque cuando yo se lo procuraba, ella decía que no se lo proporcionaba a ñángaras. Que eso era lo que la gente decía porque no fumábamos marroña y andábamos pa’rriba y pa’bajo con el padre Francisco Güitack.

A mí me gustaba mucho la Maritza porque se parecía a esas negritas gringas que inclusive acompañan a Arita Franklin cuando salía por la televisión y cantan amontonaditas y que son flaquitas y muy manuables para afincárselas. Lo que muchísimo después se logró con Mariaelena, una afrocaribeña que pelaba los dientes y le daba por hablar watusi cuando nos estábamos entrevistando. Y a mí primero me daba miedo.

De Caldera, que era el propio apoderado de los curas maliantes, no debiera ni hablar, sino porque del partido del, o sea, el de los copeyanos socialsatánicos, se dividió uno que lo llamaron los astronautas, pero la gente entendió más cuando le pusieron Izquierda Cristiana, que sí agarraron el catecismo por donde era y fue el día que se descubrió que la Biblia no era un libro tan balurdo, sino que echaba cuentos que defendían a los pobres y de Sansón deteriorando a los malandros filisteos, y de David volándole piedras a los imperialismos de antes, de unas magias que tenía Moisés para ahogar a los polizontes del rey faraón cuando lo perseguían, y así, pues, cuestiones que los párrocos no le contaban a uno.

Y en la Izquierda Cristiana daban otros libros del padre Camilo Torres que había unido a su pueblo de la hermana república y caído en la montaña echando plomo sin haberle dado tiempo de convertirse al materialismo ateo, que es el que le da miedo a la gente. Contimás que Francisco nos tenía bien alineaos con eso de ayudarles a hacer sus casas a los vagos y enseñarles a leer a los hijos de los pillos. Y eran buena vaina porque buscaban cómo andar junto con los del MIR, que fueron los que les enseñaron a hacer la bomba molotov en frascos como los que guardaba mi abuelo, y fueron los que les prestaron los libros del Che y del marxismo-leninismo en general, que los viejos de antes no sabían muy bien qué era eso, y no le decían así sino marcelinismo, y comentaban que un hombre así como Marcelino era el que hacía falta para mandar en Venezuela y mantener a raya a los usureros.

Por otro lado quedaron los comunistas, que buscaron cómo desunirse para que la Revolución avanzara más. Los propios del gallo rojo no se sabía dónde estaban, porque lo que apareció era un partido que llamaban el UPA, que lo fundaron en la bajada que va de la iglesia del Carmen para Los Paraparos, y que el jefe era un tipo que parecía gafo y no asemejaba ser de los que quemaban carros y secuestraban, mucho menos haber bajado de la montaña, y que yo lo vi como a los diez años en el CADA de Las Delicias en Maracaibo y ni me saludó, y por eso es que uno se confundía y no les paraba bolas.

Y uno se daba cuenta que tenía que haber otras clases de ñángaras, de donde salían los que estaban presos, los que ponían banderas compuestas en los cerros, los que vivían por San Miguel, los que se llevaban los aviones y los barcos y se los regalaban a Fidel, pero él los devolvía porque él tiene bastantes y mejores. Y se llevaban los riales de los bancos, y hasta tenían amigos entre los marinos de Carúpano y Puerto Cabello, que el general Marcos Moro fue de los adecos que los masacró y yo me maldigo cuando no me había dado cuenta que había sido él y se la mantenía borracho por los lados del parque Juan Cuchara, de civil, y bien tranquilo para secuestrarlo y dárselo a alguien que se viera con los comunistas, que ellos los cambian, o los ajustician provisionalmente, y se robaban hasta unos cuadros del Museo de Bellasartes y después los devolvían, pudiendo habérselos regalado a los pobres para que adornaran sus ranchitos por dentro.

Y quemaron negocios de los gringos y el humo se veía desde La Vega, y la gente se ponía suéteres creyendo que era neblina, y volaban puentes con unas marusas llenas de pólvora; y acabaron con un bastante por ciento de policías, y los soldados estaban cagaos y llamaron a sus amigos los “cazadores” que eran los más sanguinarios y coñosdemadre, rángeres entrenados en la Yunai y la Zona del Canal.

Entonces los ñángaras secuestraron al futbolista Di Estéfano, y luego al propio jefe de la misión militar norteamericana, que se lo cambiaban a Rómulo por Nguyen Van Troi, que estaba preso allá en Vietnam y lo iban a fusilar los yanquis, pero salió en el periódico que habían aceptado de embuste, para que los ñángaras soltaran al general, que fue exactamente lo que hicieron los incautos y los gringos fusilaron a Van Troi, que allá en Saigón gritó antes de morir:

—¡Abajo los yanquis! ¡Viva Ho Chi Minh! ¡Viva Vietnam! ¡Viva Vietnam!

Entonces aparecían militares muertos en las calles, y olioductos reventados, y campesinos alzándose junto al comandante Argimiro Gabaldón y sus guerrilleros que enseñaban a leer y a poner inyecciones, y emboscadas, y dando ánimo para robar ganado y de recuperar las tierras que Simón Bolívar había nacionalizado. Que cuando se murió, para solaz y esparcimiento de los gringos, los terratenientes volvieron a la carga dirigidos por Páez, Santander, La Mar y Obando, apelativos también de sendos perros que tenía Manolita allá en Paita, luego de enviudar del Libertador y que la corrieran de Colombia y el Ecuador. Y allí se murió toda botada, y ni aún en Venezuela nadie se ha priocupado de buscar sus restos y colocar sus sagrados huesitos en el Panteón Nacional, ahí pegadita a Simón Antonio, a como Él le gustaba.

Así fue que nosotros nos dimos cuenta que los comunistas se dividieron, entre unos que son cívicos y otros que echaban vaina y les gustaba la Libertá que eran los de las FALN, y sus amigos del MIR, que esos eran los tales subversivos jacobinos sin camisa, que uno sentimentalmente se preocupaba por ellos, que qué comerían, que cómo hacían cuando estaba lloviendo o se acordaran de su mamá, y para que no los picaran las culebras, y para mandarles cualquier cosa o coroto, que a lo mejor ellos necesitaban y uno los echaba en el aseo urbano.



Y una vez el Negro Choropo me contó que era verdá que habían venido en el 66 unos cubanos de los buenos, a colaborar en lo que pudieran, entonces los adecos los agarraron a balazos en las playas de Machurucuto y a otro lo echaron preso, y después los mismos adecos canallas lo ahorcaron en el SIFA, y después hasta bombas atómicas pidieron que le echaran a Fidel por haber prestado unos fusiles, y como en ese tíempo todavía estábamos chamos, vivíamos cagados del miedo con lo de las bombas porque Cuba está bien cerquita, y es una realidá.

La otra gente también la agarró por dividirse, por ejemplo, aparecieron unos negros nuevos que se llamaban los Trinitarios, que hablaban inglés sin necesidá de ser catires y estudiar de eso en el bachillerato, y que yo conocí uno que vendía parrilla frente a la librería Sandokan, con una camisa floriá y con estampados de culebras, que los 24 de diciembre ponía a todos los limpiabotas y carajitos pidemedio en una fila, y les daba carne asada gratis y la que sobraba se la regalaba a los ciegos y los recoge botellas, que después le pagaban con botellas para el negro echar su salsa de tomate y su mayonesa que la rendía con agua, y después no le cabía en los frascos originales. Otros negros, por ejemplo, se pusieron a jugar beisbol por la televisión, y otros a boxear y a caerse a coñazos entre ellos mismos, que es lo que da tristeza porque no es por deporte sino por hambre. Y así por el estilo.

Los italianos se dividieron en los del restaurán de al lado de mi casa, que eran buena vaina con nosotros y nos daban comida de la de ellos cuando mi mamá en veces se tardaba de llegar de la escuela donde daba clase, aunque más antes mi papá los agarró a hielazos, porque en mi casa no había piedras y además no lo dejaban dormir por estar bailando sus tarantelas, sabiendo que al día siguiente la gente tiene que trabajar. Entonces los napolitanos se pusieron mansitos desde esa noche, y nos regalaban toletes de pasticho y enseñaron a enrollar los espaguetes en el te¬nedor y no comerlos chupados; así como los pollos cuando ingieren lombriz.

Había otros que vivían antes de bajar para Los Bloques y que sí eran de los mafiosos y delincuentes porque fueron los que trajeron los billares a La Vega, y unas máquinas que hacían café desempleando a unas señoras que antes lo hacían ellas. Además, traficaban con marroña, opio y heroína, que cuentan que las mandaba Daniel Santos por desquitársela de una vez que lo echó preso el general Medina, porque le cogió una novia que él tenía. Y en la Modelo fue que sacó la canción de preso estoy cumpliendo mi condena, y las viejas bonchonas, que en ese tiempo estaban jóvenes, le llevaban jalea de mango y majarete.

Y otros se dividieron en que no, que la mariguana la habían traído los colombianos, que aprovecharon de que los guardias descuidaron la frontera por estar persiguiendo a los guerrilleros. Aunque personalmente soy de la opinión de que quien la trajo fue Javier Solís.

Además, había otros italianos que fueron los que hicieron la parte de arriba de mi casa y que no se sabía qué hacían con los riales porque solo comían pan con mortadela, que se descubrió que otros paisanos enemigos dellos se la hacían con carne de los burros que compraban que eran para dárselos a los tigres del zoológico.

Próxima semana: Capítulo 4

POR ALÍ GÓMEZ GARCÍA
ILUSTRACIONES NATHALY BONILLA


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12/04/14.-

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