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Con Chávez se nos fue parte del corazón


11/03/13.- El cantante venezolano Cristóbal Jiménez comparte la apreciación de que el llano es una especie de tesoro que estaba escondido y enterrado. Estaba ahí y está ahí. El presidente Hugo Chávez lo que hizo fue asomarlo.

Menciona que el repertorio de grandes clásicos de la música llanera que ellos interpretaban a dúo en actos oficiales, en actividades de gobierno o reuniones informales fueron surgiendo espontáneamente al calor de las presentaciones y las evocaciones.

Entre los éxitos más sonados de Chávez y Jiménez estaban Pescador del río Apure, Lucerito de mi llano, Mi rancho llanero, Palmaritales de Arauca, Las Queseras del Medio, Poesía, copla y sabana, Sabanas del Alto Apure, Motivos llaneros y Paisaje apureño, entre otros.

Con las canciones iban y venían, como una brisa llanera, los nombres de compositores y copleros que el Comandante Hugo Chávez recordaba con su prodigiosa memoria: el inolvidable Eneas Perdomo, Augusto Bracca, José Vicente Rojas, Pedro Telmo Ojeda, Valentín Carucí, Pedro Felipe Sosa Caro y Ángel Ávila.

Motivos llaneros, una composición de Ángel Ávila, guariqueño nacido en Las Mercedes del Llano, se hizo un clásico en la voz de Hugo Chávez, quien la cantaba últimamente con una pasión conmovedora, como si estuviese poseído por el embrujo de esteros, palmares, caños, lagunas, garzas, sabanas y corocoras.

En un acto de la pasada campaña electoral en San Fernando de Apure, Chávez no pudo contener las lágrimas e incluso se le quebró la voz. “Ese pasaje (Motivos llaneros) lo grabó Eneas Perdomo pero no había sonado mucho. No se conocía. En lo que Chávez lo comenzó a cantar, en la última etapa de su enfermedad, lo agarró para él. Fue él quien lo popularizó. En los viajes para Cuba la cantaba más. En Internet colgaron una versión en la que sincronizan imágenes de diferentes locaciones. La cantamos en el Teatro Teresa Carreño, en San Fernando, en el Balcón del Pueblo”, recuerda Jiménez.

HOMENAJE A ENEAS

La muerte de Perdomo, en el año 2011, puso a ambos en una especie de apuro. Chávez lo llamó siete veces a su casa, preguntándole si iban a ir al velorio de Eneas, en San Juan de los Morros, estado Guárico, a llevarle una serenata. Al final no se pudo porque la esposa de Eneas estaba muy afectada y las canciones la hundirían más en el dolor. “¿Qué hacemos?”, le preguntó el presidente Chávez.

“Él me dijo: ‘Vente para acá (al Palacio de Miraflores), aquí yo hago un programa de radio, se pega una emisora, y así hacemos el programa’. En lo que llegué allá le dije: ‘Comandante, vamos a hacer una cadena’. Se me quedó viendo y contestó: ‘Bueno, ¿cuál es el problema?’. Hablamos con Andrés Izarra (para entonces titular del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información) para que se transmitiera por unos 15 minutos. Izarra dijo ‘bueno, pero 15 minutos’. Yo le comenté ‘pero eso no alcanza, necesitamos como media hora’. Izarra dijo ‘pero media hora, Cristóbal, no te vas a pasar’. Eso duró más de horas y media en cadena nacional. Cuando Izarra (desesperado) nos sacaba el papel de que había pasado la media hora, yo le sacaba otro tema y empezábamos a hablar. Eso fue un realce para la música llanera. Chávez fue el hombre que la puso a valer”, relató.

En los actos oficiales de trascendencia con los jefes de Estado, con las misiones internacionales, “yo lo acompañaba. En uno de los aniversarios del Congreso Anfictiónico de Panamá, en Panamá, me mencionó: ‘Un saludo a Cristóbal Jiménez, ese hombre cuando yo estaba preso me sacó una canción’. Ahí estaba su agradecimiento, esa nobleza”, manifestó.

En la toma de posesión de Fernando Lugo, en Asunción (Paraguay), “puse a cantar a Lugo. Fuimos a Cuba; cuando jugaba beisbol él estaba pichando y yo cantando en la tribuna. En el Estadio Universitario, Chávez pichando y yo cantando en la tribuna. Aquí nunca había pasado eso; es inédito”, confiesa Jiménez.

PROFUNDIZAR LA REVOLUCIÓN

—¿Cuál cree que es el mejor homenaje que se le puede rendir a Chávez?

—Profundizar la Revolución Bolivariana, mantener la unidad y la claridad en el proceso revolucionario, y mantenerse fiel a lo que él nos enseñó en vida. Debemos tratar de ser como él. Mantener esa nobleza de alma y espíritu, ser leal. Chávez es hasta una enseñanza para uno como ser humano. Era un hombre que llamaba a la gente a la superación por medio del estudio. Decía “hay que leer, leer”. Como expresaba el Che Guevara: el revolucionario es el eslabón más alto en la cadena de la existencia humana. El mejor homenaje es seguir en la línea de lo que él dijo: tratar de parecerse a Chávez.

—¿Qué significó para ti que te eligieran para cantarle en el funeral?

—El que más había cantado con él era yo. A mí la gente me daba el pésame en la calle. Mi presentación no estaba planificada. Me dijeron tienes que cantar con la orquesta porque no dio tiempo de llegar el conjunto. Naturalmente que con Cristóbal y con el arpa estaba presente el llano, en nombre de todos los cantores de la sabana. Era el llano el que estaba presente.

Asimismo, Jiménez confiesa que conocía de la gravedad del Presidente. “Yo decía: ‘ojalá que esto sea una estrategia de Chávez contra el imperio y se esté haciendo el enfermo’. Lo hacía para darme valor. Cuando cantamos en San Fernando, que lloró, yo pensé: ‘Mi Comandante está enfermo y sabe que se va a morir”.

—¿Cree que con la partida de Hugo Chávez el llano pierde a su embajador?

—Indudablemente que perdió al promotor por excelencia. Chávez era un hombre que hablaba en las Naciones Unidas y allá estaba el llano presente. Ya Chávez había trascendido las fronteras y donde estaba Chávez, estaba el arpa, el corrido; estaba la llaneridad. Al morir se recibió un golpe muy fuerte. Nunca será igual. Es cierto que perdemos a Chávez como promotor, como embajador, pero, por otro lado, se convierte en una leyenda, en un mito. Yo en 1998 veía viejitas que tocaban a Chávez y se persignaban. Yo sé que esto va a tomar un camino y esa devoción popular se puede desviar un poco y a Chávez le comenzarán a prender velas y a pedirle milagros y él comenzará a hacer milagros, porque hay una energía en torno a él. Yo sé que Chávez, en el fervor popular, llegará primero a santo que José Gregorio Hernández.

“ESTÁS ARRESTAO”

Para Cristóbal Jiménez hubo dos momentos, en su relación con el Comandante Hugo Chávez, que lo dejaron pensativo. Uno de ellos fue el día del cierre de la pasada campaña electoral en la avenida Bolívar de Caracas, cuando cayó el aguacero.

“Hay un momento que se ve así, que está como en el aire, flotando con la brisa de la lluvia. Yo lo percibí flotando en el aire. Ya no estaba aquí. Cuando llegué, él me dijo: ‘¿Trajiste el conjunto?’. Yo le dije: ‘No, Comandante, está trancao, de vaina llegué yo en una moto’. Él me dijo ‘estás arrestao’. Mario Silva, el conductor de La Hojilla, me dijo también ‘estás arrestao’. Chávez pronunció unas palabras proféticas. Señaló: ‘Es el día de San Francisco, es como una bendición con la lluvia’. Yo me dije: ‘El Comandante se está despidiendo”.

La otra imagen la visualizó en la tierra llanera de Elorza, aunque todavía, casi 25 años después de aquella mágica fecha, no pude precisar si estaba soñando, si fue una alucinación.

Cuenta que, después de una presentación en las fiestas de Elorza, a las que había sido invitado y contratado por el Comandante Hugo Chávez cuando presidía la junta organizadora, el Presidente le dijo que se quedara, que unos ganaderos le habían regalado unas vacas y al otro día se comerían un asado.

Jiménez tenía el compromiso de actuar en las fiestas en honor a San José, en Maracay. Chávez se ofreció a llevarlo a la orilla del río Arauca para que agarrara la chalana y pasara a la otra orilla (no había puente para hacerlo de otra manera). Él les dijo que no se podía pasar porque la embarcación tenía filtraciones. Allí amanecieron a orillas del río Arauca, del lado de Elorza.

“Yo me puse a hablar con él. Le hablaba de la Revolución, de que aquí había que tomar La Carlota y no dejar salir a nadie. En una de esas vi que se quedaba recostado. Él cargaba un traje de campaña. Yo vi que se comenzó a transformar. Yo no sé si fue que me quedé dormido o lo soñé. Vi de repente un tipo con traje de luces, militar, de gala, y las charreteras. Pensé que yo estaba alucinando. Me sacudí la cabeza. Yo dije: ‘¿Cómo un pobre capitán botado por aquí va a llegar a ese grado? Un día, unos siete años después, estaba aquí en la casa con el televisor prendido. Era un 5 de julio y había un desfile. Veo que sale Chávez con ese uniforme y las charreteras. Yo pensé: ‘Ese uniforme lo he visto’ y me pregunté cuándo había visto ese uniforme. Fue en Elorza, y con él, una visión que tuve. No sé si me quedé dormido, en fracciones de segundo lo vi”, manifestó el cantautor venezolano.

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El Comandante dejó tres piezas inéditas

Cuando el Presidente regresó de su primer viaje a Cuba, un hermano suyo, Narciso (conocido como Nacho) llamó al cantautor Cristóbal Jiménez con la encomienda de participarle que el Comandante deseaba grabar un disco. A los pocos días lo contactó Juan Escalona, el querido ayudante de Chávez, y le dice que le envíe una lista de las canciones.

Jiménez le prometió un listado de 100 canciones para que escogiera unas 20. Luego le grabaron un disco y música instrumental, un gabán, un pajarillo, un seis por derecho, por si el Comandante quería recitar algo. Ese proyecto quedó inconcluso.

El artista confiesa que le quedaron tres canciones inéditas compuestas con Chávez. Una que se llama Luna Roja de Yare, letra y música del Comandante, que también es el nombre de un cuadro pintado por el líder bolivariano. Otra se llama Despedida de Mantecal, a la que Jiménez le puso música. La tercera es Palabreo a Bolívar, un joropo.

“Luna Roja de Yare es una canción bonita. Él dice que es la historia de un preso, él en Yare, en su celda, y tiene una ventana, y por esa ventana ve salir en las noches la luna llena, pero la luna se ve roja. Se ve roja porque hay candela en la sabana; eso lo transportaba. Él estaba en Yare, pero decía: ‘Estarán quemando la sabana de Arauca, cómo estará el Arauca’. Es un hombre preso, viendo salir la luna y cómo la imagen lo transporta al Arauca. Ese Arauca que él soñó”, relata Jiménez.

En el velorio de Eneas Perdomo, Chávez le recomendó a Jiménez que lo ayudara con aquellos cultores, viejos cantantes olvidados de manera que pudieran tener una pensión.

“Ayúdame’, dijo él. Eso se logró en parte cuando hicimos la Gran Misión En Amor Mayor en el Teresa Carreño. Trajimos a algunos. Ya tienen pensión y quedó abierta esa posibilidad. Es el único que les ha dado la mano a los pescadores, a los folcloristas, los indígenas. Pienso que todavía no nos hemos percatado de la magnitud de Chávez, sus ideas, su pensamiento político. Eso se sistematizará y saldrá una teoría explosiva que seguirá sacudiendo al mundo”, expresa el cantautor.

—¿Va a grabar las tres canciones que le entregó Chávez?

—Me hice el propósito. Las voy a grabar pero dentro de unos años. Yo creo que ni los hermanos saben que yo tengo esas canciones. MA







MANUEL ABRIZO
ESPECIAL DEL CORREO DEL ORINOCO


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