FREDDY ÑÁÑEZ
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La semana pasada en el Teatro Nacional, el alcalde Jorge Rodríguez dictó una clase magistral a los estudiantes y egresados del diplomado Introducción a la epidemiología para la salud colectiva y el derecho a la vida que lleva la UBV. El tema central: la ciudad. Definiciones y desafíos sostenidos en la mirada histórica, sociológica y psiquiátrica que vinculan a Caracas de un modo con el interés de los graduandos. “Si desde una perspectiva puede entenderse la ciudad es desde la epidemiología”, así inició la clase que se sostuvo por más de una hora en la idea según la cual la ciudad es un ser vivo, sensible e inteligente sobre el cual los organismos que la componemos nos diferenciamos entre los que conviven con ella o parasitan. Podemos comenzar por asumir que si la ciudad requiere sumar una lectura epidemiológica a la que ya vienen haciendo las ciencias sociales y el arte, es porque sus problemas deben entenderse también en términos de salud pública.
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El reto de la ciudad es convertirse en una referencia concreta de comunidad donde se realicen y superen los conflictos que se traducen en relaciones sociales, con el paisaje, el territorio y con nosotros mismos. ¿Dónde comienza y termina la respiración de la ciudad? Sin duda el espacio público es por excelencia la piel que determina la identidad y sensibilidad de lo común y por ende ciudadano. La indolencia es la peor manera del desprecio y quizá sea ésta de todas las pandemias la más perjudicial para una urbe. Esto es lo que reinó sobre Caracas desde su abominable conquista hasta nuestros días: un profundo desprecio por su identidad, su simbología y su potencial comunitario. Retomo la metáfora del alcalde para concluir la idea que unos martes atrás dejamos en el aire: los derechos culturales, los artesanos y la ciudad. Ya dijimos de las luchas que libró este movimiento contra las fuerzas de la anticultura y una de sus expresiones directas: el neourbanismo de derecha. Cuando hablamos de espacio público es necesario hacer una diferenciación entre la concepción neoliberal y la de izquierda que surge en respuesta al vulnerado derecho a la ciudad, el hábitat y la vivienda. El neoliberalismo levantó las banderas del espacio público para sublimar sus propósitos de privatizar la vida social y controlar el espacio concreto del encuentro y la libre sociabilidad mediante la criminalización del ocio, la disidencia, la recreación gratuita y la imposición de reglas más favorables a la domesticación que a la convivencia. El espacio público se destinó en Europa para el turismo que reordenó territorialmente al capital, amén de la exclusión social. En Venezuela la estrategia del Estado fue el abandono del espacio físico y las políticas formativas para una cultura de lo común, lo público, haciendo de celestina en la subasta de la propiedad social al urbanismo financiero.
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Si alguna enfermedad padece la ciudad es la de una anticultura del espacio público. Esta nueva ordenanza para el desarrollo de la artesanía apunta también a la elaboración de una subjetividad en ese sentido, necesaria como el millón trescientos mil metros cuadrados que hoy se recuperaron para el ejercicio de un derecho por años vulnerado: ser comunidad.
04/12/12.-
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La oposición, después que lanzó la “bomba” de la grabación, empieza a arrepentirse. Figuras veteranas de AD y Copei lo consideraron una torpeza, pero se dejaron arrastrar por lo que Ramos Allup llamó la “más rancia derecha ultramontana” (PJ). Temen que cuando se caiga el montaje, ellos mismos habrán bañado de prestigio a Mario Silva. Algunos, viendo que mientras este atiende su salud lo releva Alberto Nolia y sus Papeles de Mandinga, casi que gritan aterrados: ¡Regresa, Mario!
24/05/13.-GERÓNIMO PÉREZ RESCANIERE
JESÚS SILVA R.
EDWIN VELÁSQUEZ
FELIPE FIGUEROA
PABLO FERNÁNDEZ
RONALD MUÑOZ
SIMÓN ARRECHIDER
ROBERTO MALAVER
SANTIAGO DÍAZ
RODOLFO PORRAS
GERMÁN SALTRÓN NEGRETTI
NEIRLAY ANDRADE