INICIO / MIÉRCOLES 16 DE ABRIL DE 2014
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Larga vida o corta belleza
RAÚL PINEDA
raulpineda47@gmail.com

Contrariamente a lo que pensábamos, el rastro sangriento que han dejado los implantes mamarios y biopolímeros no redujo drásticamente el número de mujeres dispuestas a arriesgar su vida para hacerse más atractivas.

Pareciera, según la prensa, que se incrementó la clientela femenina en las clínicas dedicadas a producir belleza artificial a todo riesgo. El dato alarma como las muertes mismas. Somos espectadores pasivos de un hecho inhumano, negado por el más elemental sentido de supervivencia.

¿Qué impulso irrefrenable lleva a una mujer a ser insensible ante el peligro de morir en manos inexpertas? ¿Qué motivación la induce a cometer el mismo error que las víctimas presentadas casi todos los días en los medios de comunicación? ¿Por qué el derecho de una mujer a ser o sentirse bella tiene que implicar necesariamente disponer de su cuerpo igual que un suicida lo hace con el suyo? ¿Se ha tomado el tiempo para reflexionar sobre el daño que se ocasiona a sí misma y a su entorno familiar?

Una primera reflexión nos la indujo el comentario de un “exitoso” cirujano plástico: “Más del 70% de las participantes en el reciente certamen Miss Venezuela se practicaron operaciones estéticas”.

Esto nos da una idea casi morbosa –por no decir tenebrosa– del poderoso patrón cultural que empuja a millones de jóvenes y adolescentes a ser víctimas de estos “homicidios clínicos”, no tanto por un estatus de fama y poder económico –por cierto sólo alcanzable para una minoría, lo que es suficientemente grave– sino sencillamente para ingresar en un mercado en el que compite, de una u otra manera, nuestra propia familia, pero sin derecho a nada, porque el “premio” es una compensación visual callejera y casi nunca un estudio de cine o televisión. Claro, el Estado debe hacer más. Y nosotros, actores pasivos ¿tenemos algo que decir?

04/12/12


Cristina dijo:
Mientras no nos saquemos tanta basura del cerebro,todo avance o toda revolución será un fracaso.Da dolor ver en estos días a tanta gente tirando el dinero en chucherías,verdadera basura desechable,y por supuesto,hay que estrenar ropa,no tener estreno es casi el fin del mundo.¿quien dijo que es obligatorio comprarse trapos todos los años justo cuando están más caros?No es tradición,es gafedad,y punto.Si esa plata botada se usara en emprender algo útil,muchos saldrían de abajo sin mas ayuda.
4 de Diciembre del 2012 a las 10:13 PM



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El 12 era una risa

El 12 de abril de 2002 fue de euforia y risa de las hienas. Los dueños de los medios llegaron de primeros a Miraflores. Un cura carcajeó que siempre había sido adeco y dejó el closet. Todos querían firmar el decreto que, antes de cantar el gallo, todos negarían. “Te queremos, Pedro” fue un jalón impúdico de una burguesía sin discreción ni encanto. Exizquierdistas celebraban con sus verdugos. El 13 de abril no era una sospecha porque los pueblos invisibilizados no las despiertan.

12/04/14.-
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