ILDEGAR GIL
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Me contaron el caso de Susana. También el de Marlene. Hace tiempo y por asuntos de salud, sometieron a intervención sus senos. Al salir del quirófano ambas mostraban sólo una de las glándulas mamarias. Meditado el asunto, optaron por una segunda visita al consultorio. Desde entonces y “para no lucir como una cosa rara con una teta sí y otra no”, portan implantes PIP. Sus familias y amigos más íntimos han sido solidarios en todo momento. Como ellas, concluyen que “no es fácil andar por la calle, desfigurada y siendo criticada por todo el mundo”.
La salud de Susana y la de Marlene no ha mermado luego del procedimiento. De corazón esperamos que en ese particular no haya variaciones. Sería una maravillosa excepción porque de acuerdo con los reportes periodísticos recientes sumados a los presentados hace meses sobre la materia, la norma parece ser el sufrimiento, la calamidad y –en muchos casos– el camino seguro a un desenlace fatal.
Ardua es la tarea que por delante tienen sicólogos, sociólogos y demás estudiosos de la conducta humana para explicar este infernal boom hacia la muerte. Quienes ideológicamente comulgan con postulados de justicia social están más obligados, que los otros, a hacerlo.
Deben descifrar cual alimaña penetró la voluntad de las mujeres venezolanas –bellas por naturaleza– víctimas de un cortocircuito banal que las convenció de que son “feas” para depositarlas en centros tanto legales como clandestinos. Están obligados, incluso, a establecer si tan repugnante lavado de cerebro se hace visible de forma “casual” justo en pleno proceso revolucionario, donde se supone que mujeres y hombres valemos por lo que somos y no por lo que aparentamos ser.
Igual procedimiento debe ser aplicable a nosotros los “machos”, porque mentira no es que babeamos cuando voluptuosos y empinados conos de piel atajan nuestras miradas, obligando en algunos casos a nuestras parejas a considerar la posibilidad de adoptar unos como esos.
Parece ser que, a unas y otros, los biopolímeros se nos subieron a la cabeza.
03/12/12.-
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No solo Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, el propio Comandante Hugo Chávez fue blanco de las ollas compulsivas de Capriles Radonski. Ante su inminente derrota el 7-O, envió por twitter un documento forjado de la FANB. ¿Lo recuerdan? El presidente Chávez le demolió la bajeza. Carente de escrúpulos, a Maduro le atribuyó el vocablo de “mongólicos”, inventado en su comando. Hoy prende un ventilador de inmundicias con una grabación contra el proceso que no tardará en revertírsele.
22/05/13.-SERGIO RODRÍGUEZ GELFENSTEIN
CÉSAR SOLÓRZANO
RAFAEL S. CHACÓN G.
NELSON GUZMÁN
RAFAEL HERNÁNDEZ BOLÍVAR
RAÚL PINEDA
CELSO MEDINA
RODOLFO PORRAS
GERMÁN SALTRÓN NEGRETTI
NEIRLAY ANDRADE
HUMBERTO MÁRQUEZ
MARÍA LEÓN
ud es un tremendo machista
Es verdad, se nos subieron los biopolímeros a la cabeza. Debemos aceptarnos tal cual somos y a quien no le guste, pues que vea para otro lado. La moda por ser “bonitas” a llegado a tal nivel que en EEUU las mujeres optan por quitarse los dedos miñiques de los pies para poder usar tacones con mayor facilidad. Una locura total.
Para mi este asunto de las intervenciones quirurgicas, por razones estéticas, se ha convertido casi en una obsesión,hace mas de 5 anos vengo diciendo que se convertiria en un problema de salud publica. He vivido hechos como la muerte de una vecina,que a pesar de vivir en el umbral de la pobreza se fue a inyectar polimeros en los gluteos y murio. Una camarada formada politicamente, militante pero que tambien opto por esta practica y se coloco grandes tetas, ahora no puede amamantar a su 1er hijo.
A pesar de que el proceso bolivariano ha venido reivindicando a la mujer, nos encontramos con este drama que tiene muchas explicaciones dentro de la cultura aberrante que el capitalismo nos ha impuesto. Creo firmemente que el Estado debe reflexionar desde sus instituciones formativas e informativas y lanzar una campana permanente a atacar las posibles razones de esta practica que ha cobrado la vida de muchas personas. Igualmente seguir tomando soluciones en lo jurídico para evitar la impunidad.