ALEXIS ROMERO SALAZAR
Cada uno tiene sus razones; las comparto casi todas. Y aunque las motivaciones pudieran no ser las mías, las valoro profundamente. Lo bueno es que son bastante.
Para no votar por la derecha, vale decir por Capriles, los adecos y copeyanos, reciclados en Primero Justicia y Nuevo Tiempo, pudiera –lo digo con modestia- echar mano de una fina argumentación sociológica. Pero no; me empeño en volver la mirada a nuestra propia precariedad como gente de pueblo o en buscar en la memoria fotográfica los rostros de los muchachos trabajadores en la calle que encuesté hace dos décadas para `los rigores de la urgencia’.
Sería suficiente saber que nuestra gente se moría de hambre o de mengua por falta de atención a su salud; pero insisto en recordarme chamito junto a mi vieja, prendido en fiebre y delirando, haciendo cola durante semanas para lograr una cama en el servicio general del hospital por una grave infección en el hueso.
Bastaría hablar de las condiciones de empleo, del esfuerzo titánico de los trabajadores para sobrevivir con sus familias, pero me empeño en evocar la absoluta privación de mi viejo y el cartón que tapó los huecos de los zapatos en largas caminatas a la empresa o a nuestro liceo.
Como siempre voy a contrapelo –y por eso me dan los golpes-, porfiadamente recuerdo el respeto a los derechos humanos en la negación de los permisos a todas las marchas estudiantiles y populares.
Me es suficiente volver a la estadística “democrática” de la brutal represión a jóvenes liceístas y universitarios; sin perdonar a las muchachas; no olvido el golpe en sus inocentes rostros: Ay¡ “Catira” Bety, Ay¡ Teresita, de mi alma.
Solamente para el primer Caldera 49 estudiantes asesinados y para Leoni mil desaparecidos: como duelen los 20 años de Luis Hernández y los 22 de Noel Rodriguez –como borrar el llanto desgarrado de su madre cuando fui a visitarla al Tigre con el extrañable Jorge).
Bástame evocar la jauría persiguiendo; sentir que de nuevo se dobla la espalda y la sangre que corre en la rasgadura por el impacto de la peinilla del guardia criminal.
No hay más que regresar al handicap de huelgas y exigencias obreras declaradas ilegales y enfrentadas con acciones militares de guerra: todas.
Para mi es suficiente recordar a mamá tocando las puertas de liceos que se cerraban a sus hijos adolescentes por la sola acusación de “comunistas” o las masivas expulsiones de universidades y el éxodo familiar. Fija se quedó la imagen de las viejos de Ibraim Mata, de Maxito Basante y del “Gallo” Farias, indoblegables
Evocar los ojos aterrorizados de mi vieja y los hijos pequeñitos ante el ensañamiento cobarde de impunidad absoluta de los esbirros a las tres de la madrugada. Y la angustia de Iraides y Juancho mientras en la oscuridad nos fuimos a las emisoras a poner la denuncia para que no “desaparecieran” a Elsie y no nos pararon bolas e igual la llevaron para el TO4 de Cocollar.
Rememorar la angustia de los obreros que osaron marchar por caminos distintos a la adequidad sindicalera. La imagen grabada es acompañándolos en los golpes, en el hambre y el dolor de sus familias cuando fueron colocados en las tenebrosas “Listas Negras” para prohibir su empleo en todas las empresas. Me veo abrazado a Vicente Gómez, a Hilario Díaz, a Omar Gurarima, a Pedro Robles y a Alfredo del Nogal en nuestra trinchera de Guayana.
Suficiente con recordar el papel estigmatizador y elitista de los medios de comunicación y la complicidad de la iglesia concelebrante (para no decir usar una grosería para calificarlos). Todas sus notas en contra nuestra.
Hoy, tal vez al sociólogo que investiga la violencia le sería aceptado que expusiera teorías sobre su relación con el poder y la dominación; pero insisto en no querer olvidar.
Y para conjurar los allanamientos y detenciones arbitrarias e ilegales de mis hermanos Elsie, Juan José, Nils –grandioso en su humildad- y la mía propia; para echarle un parao al maltrato y al abuso de la incautación de un afiche del Ché como material de guerra.
Para no ver ardiendo la casa de nuestra Liga Socialista; para que no se repitan las torturas como las de mis camaradas Luis Fernando Hernández, Luis Salinas, Eduardo Sifontes, Pablo Emilio Ochoa, “El Poeta” Juan Medina, David Nieves, “El Viejo” Coa Fernández, José Zabala, Marelis Pérez, Francisco Cedeño, y Juan Lugo;
Para no tener que llorar a otros camaradas asesinados como Alexander Alzolay, Vicente Contreras, Jorge Rodríguez, Sorfanny Alfonso, Ronald Morao, Carlos Wilfredo García.
Para que “Por Capriles” no me salga Posada Carriles, pongo el seguro. Los invito a levantar una barrera para que no pasen: una muralla de votos.
Y recuerdo el poema de Gustavo que aprendí de memoria en 1970:
“Escogieron esta tierra para clavar la bota
Escogieron estos verdes valles para quemar este subsuelo para escarbar
Nosotros hemos sacado legañas a las piedras hemos conocido el peso
del gas interior del planeta
Nosotros no sabemos que diferencia al metal del pan
Ustedes dejaron en nuestros plexos metidos avaricia codicia y orfandad
mordeduras roturas escisiones
putrefacciones prohibiciones estremecimientos
torturas muertes llagas
y llagas y llagas y llagas…” *
Gustavo Pereira. Los Cuatro Horizontes del Cielo.
Imprimir
La palabra “disidencia” tiene atractivo político y fónico. Es también un comodín para los saltatalanqueras. Barniza la deslealtad y el oportunismo. Hay disidentes súbitos, aquellos que al minuto de salir de un cargo se declaran tales. O en “desobediencia civil”. Y si su administración fue dudosa, se proclaman “exiliados, perseguidos o presos políticos”. Vociferan contra la ineficiencia en salud, educación o urbanismo, aunque hayan pasado hasta diez años al frente de esos campos.
18/05/13.-JOAQUÍN LÓPEZ MUJICA
RAFAEL POCH DE FELIU DIAGONAL
LUIS SALAZAR
GUIDO ZULETA IBARGÜEN
EDWIN VELÁSQUEZ
ROSA ÁNGELA LATORRACA GONZÁLEZ
GERÓNIMO PÉREZ RESCANIERE
MARÍA LEÓN
ROBERTO MALAVER
SANTIAGO DÍAZ
RODOLFO PORRAS
SIMÓN ALBERTO OSORIO